Noción general

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La conformación de bloques regionales, que han surgido a partir de la integración económica, es un proceso y un estado.

En tanto que proceso, se suelen distinguir diversas etapas, que van desde las puramente económicas, a) cooperación económica, b) zonas de preferencia arancelaria, c) áreas de libre comercio, d) uniones aduaneras, e) mercados comunes y f) uniones económicas y monetarias y que, cuando se proyectan al ámbito de lo social y de lo político, se traducen en la así denominada integración o unión total.

El origen de las anteriores formas de cooperación e integración se ubica en los procesos –intergubernamentales y supranacionales— que han venido desenvolviéndose a partir de la Segunda Guerra Mundial, con mayor profundidad en Europa -aunque también en América, en Asia y en África-, basándose en el principio de complementación económica (de la producción y del consumo), por el que diversos países, facilitan su intercambio de bienes y servicios mediante la eliminación de aranceles y otras barreras comerciales para su importación y exportación, con la finalidad de aumentar su productividad –derivada de la operación a escalas— y la búsqueda de la ampliación de los mercados de consumo, con el objetivo de crear riqueza y generar nuevas fuentes de empleo.

Además de las ventajas de las economías de escala, del ensanchamiento de los mercados y de la creación de riqueza, trabajo y consumo, se ha pretendido favorecer, a través de la integración, la creación de cadenas valor regionales, buscando también una homologación a la baja de los precios de los productos y servicios para favorecer el consumo y, en todos los casos, constituir plataformas comunes de aprendizaje.

Sin embargo, la integración económica no es una panacea y se corre el riesgo de que los países menos desarrollados sufran los procesos de compensación de sus asimetrías cuando se integran a economías mayores o más estables. Así ha sucedido cuando no se establecen diversas fórmulas –como plazos para la desgravación arancelaria, fondos estructurales o de compensación, sistemas de preferencias aduaneras, subsidios temporales o salvaguardas, entre otras— que permitan que las industrias de los países menos desarrollados, contar con la oportunidad de prepararse para competir, en circunstancias equitativas, con sus homólogas asentadas en países más desarrollados.

No obstante, si los procesos de integración se desarrollan adecuadamente y con una visión de largo plazo, una vez que se compensan las anteriores asimetrías las economías en desarrollo tienden a volverse menos dependientes y vulnerables respecto de las economías desarrolladas externas a la región y el aumento de la riqueza les permite adquirir más bienes de capital procedentes de otras economías desarrolladas.

(Texto tomado de Juan Pablo Pampillo Baliño. Nuevas reflexiones sobre la Integración Jurídica Latinoamericana. Perú. Rimay. 2021.)<
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